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Son las emociones políticas, estúpido!

By ImmaAguilar | 25/07/2016 | 0 Comment

Los tiempos de negociación y acuerdos no solo van de formar un gobierno, como si eso fuera poco. Se trata también de las emociones colectivas, las de un pueblo en un momento concreto de su historia ¿Cómo definiríamos la emoción social hoy en España, después de dos procesos electorales y un tercero probable, sin gobierno, con perspectivas de salida de una profunda crisis? Ninguno de los partidos que tiene en sus manos la posibilidad de colaborar a formar gobierno debería dejar de marcar como prioridad máxima la gestión colectiva de las emociones. Y eso significa que no es solamente cuestión de números, o de personas, ni siquiera de proyectos, sino, en este caso, más que nunca, de un estado de ánimo depresivo.

Las depresiones anímicas son irreversibles, no se curan solas, hay que tratarlas y, precisamente por ello, no podemos dejar pasar el ánimo decadente de una sociedad, la española, que ha perdido la fe en la política, y si no lo tratamos, también lo hará en la democracia. ¿O se piensa el PP que sus votantes están felices con el resultado, con su política de recortes, con sus prácticas corruptas? El electorado ha dictado un resultado que le da al PP el liderazgo para formar gobierno. Ese fue el motivo para votarles, ese fue el “why me?” del partido de Rajoy. “Os voto para que haya un gobierno”, pero me tapo la nariz, voto sin entusiasmo. Voto útil. Voto maduro. Voto triste. La emoción política en España hoy es la tristeza. Si creíamos que era el miedo el que nos llevó a las urnas, o el enfado, según el caso, sepan que ahora es la tristeza y el pesimismo la que nos lleva a no se sabe dónde.

Hemos recorrido un corto pero intenso camino para gestionar la indignación que se instaló como estado de ánimo en la sociedad española desde el 15M, una gestión intuitiva pero inteligente que llevó al nacimiento de un partido, el crecimiento inusitadamente rápido de otro, la renovación de las formaciones de izquierda, a la hiperpolitización de la sociedad –cierto que hacia su lado más banal- y al crecimiento del electorado. Cinco años después y con todos esos cambios en positivo, el único partido que apenas ha retocado su diseño, su objetivos y su imagen es el PP. Y, sin embargo, han ganado las elecciones! Mucho me temo que ese resultado, lejos de dar pie a la reconsideración de sus formas y sus esquemas, son los únicos que siguen sin descifrar las emociones sociales, ejerciendo el poder y abusando, en casos, de él. Todos los demás, intentamos adaptarnos al contexto, interpretando el futuro. Ahora no es el momento de salvar la coherencia de la izquierda, ni de pensar en proyectos personales. No es generosidad, es medicación contra la depresión. Es futuro, es solución.

Pase lo que pase, no debemos olvidar que los partidos políticos deben asumir su responsabilidad política, pero también la emocional, incluso aunque algo se pierda en el camino. Ni Rajoy, ni Sánchez, ni Iglesias, ni Rivera son imprescindibles, pero sí la fe en la democracia para un país que ha salido de muchos momentos de fuerte depresión.

«La felicidad de un solo descamisado vale más que mi vida» (Evita Perón)

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