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Política rápida y política desesperante

By ImmaAguilar | 14/01/2017 | 0 Comment

 

Creíamos que los partidos recién llegados eran nuevos pero lo que son es rápidos. Todo lo han hecho muy deprisa: nacer, crecer y entrar en crisis. Se han constituido al calor de una necesidad -Podemos lo hizo para las elecciones europeas de 2014, sabiendo que conseguir escaños en esos comicios es relativamente más sencillo que en las elecciones internas- y Ciudadanos para aprovechar la insatisfacción españolista en Cataluña en medio de un proceso político profundamente sentimental. Han crecido en dos legislaturas de solo un año y ambos tienen que redefinir sus identidades internas. No se les puede negar el don de la oportunidad pero tampoco el peligro de la ambición personal. Debemos ya olvidar el eje nuevo y viejo, porque Ciudadanos ya tenía una experiencia en Catalunya y porque Podemos hundía sus raíces en movimientos y partidos de larga tradición.

El dominio de la comunicación les ha llevado a los dos fast-partidos a crecer rápido sin tiempo a pulir sus modos, sin tiempo a gestionar el talento, a podar las ramas que crecían a destiempo, a consolidar equipos eficaces o a estudiarse a sí mismos. Dominar la comunicación significa fijar toda la atención en el escaparate, en la interfaz que les relaciona con el electorado de temporada. Sin embargo, lo contrario es lo que hacen los que no piensan en sus electorados, sino en su futuro personal o, en el mejor de los casos, en la carrera entre partidos.

En menos de un mes se va a escenificar la ruptura algo impostada de Podemos y el liderazgo impuesto de Ciudadanos. Por lo que se refiere al partido morado, vistos los dos documentos (dejo aparte el tercero de los anticapitalistas), el impulsado por Iglesias es más político , es mejor, pero carece de ‘engagement’. El de Errejón, es más sentimental, más comunicativo. En definitiva, siempre ha sido así, Iglesias es el político y Errejón es el comunicador. Se necesitan. Son dos caras de una moneda. Iglesias es una raíz y Errejón es una planta. Uno es una idea, otro es un proceso.

Y ante la velocidad y la máxima explicitación, el PSOE y el PP desesperan, tardan, no avanzan. Y en el lado de los partidos lentos, el PP se adelanta en su congreso pero para que nada cambie, mientras PSOE esperará hasta el verano para elegir secretario general. Todo hace pensar que nadie nuevo asomará al proceso que no parece pensado para la renovación, sino, una vez más, en clave personal. Al menos, Patxi López ha dado el paso. A ver si los que están pensando hacerlo borran de su recuerdo lo que el aparato puede hacer contra los que osen salir sin alianzas internas.

Mucho me temo que los huérfanos de la izquierda seguirán rezando al dios de la política para que aparezca el mesías al que entregar su voto, porque en las agendas de los partidos, éste no aparece.

 

 

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