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HABITACIÓN. Lo excepcional cotidiano -Relato-

By ImmaAguilar | 14/02/2016 | 0 Comment

 

Le había costado levantarse esa mañana. Lloviznaba y avisaban de su llegada los primeros fríos del invierno. Era lunes y no había nada en la nevera, aunque cuando no hay nada en la nevera siempre hay algo. Desayunó con fruición pero sin hambre, consciente de que seguir la rutina era trascendental para llegar a las metas que había trazado su psiquiatra.

Hacía unos cuantos meses que no le había vuelto a ver y, sin embargo, aún imaginaba a cada instante su silueta surcando el contraluz de la ventana y acercándose a ella para despedirse con un beso antes de arroparla. Era como una condena, una cadena que la ataba a un destino anclado en el pasado. Él la dejó sola para siempre la última vez que su silueta real realizaba esa acción que la obsesionaba.

Nunca llegaría a explicarse el motivo por el cual él realizó su rutina matinal y la dejó para siempre. Nada hacía presagiar que esa sería la última vez que lo veía con vida. Ni un solo gesto de su rostro, ni un solo síntoma en el modo de comportarse. Luis era un hombre guapo, con un gran porvenir, aparentemente feliz y sin dudas sobre su lugar en el mundo. Sin embargo, pasó junto a la ventana, se acercó a ella, la besó en la mejilla y la arropó. Como cada día. Como siempre. Como nunca más.

Recordaba una y otra vez cada uno de sus movimientos, los reconstruía y los desfiguraba un poco más cada vez que revolvía en su cabeza para montar la escena.

Esa mañana, se hizo un café contra la prohibición expresa y rotunda de su terapeuta. Debía buscar un equilibrio entre la euforia y la depresión que sentía en intervalos breves de tiempo. Procuró saborearlo mientras observaba el pavimento de la calle inundado de sol, ahora, sin apenas transeúntes, en ese exacto punto en que Luis, desmadejado, deforme, roto, quedó tras precipitarse por la ventana aquella mañana.

Afrontar la realidad y gestionar los miedos, se llamaba.

 

 

 

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