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Desbordamiento electoral y crowdsourcing creativo

By ImmaAguilar | 15/07/2015 | 0 Comment

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(Artículo publicado en Democracia & Elecciones, México en julio 2015. Número 2)

Acaba de tomar posesión en España la primera alcaldesa de la capital, Madrid, que no pertenece ni al Partido Socialista ni al Partido Popular, las dos formaciones tradicionales que se han repartido el poder desde la transición política en España, hace ya 40 años. Su caso es paradigmático desde el punto de vista de la comunicación política y electoral porque representa varias cosas: una nueva etapa en la política española, una cartelización inusitada de las campañas, un vuelco en el protagonismo de las élites tradicionales y un renacer de lo emocional en política que conlleva una peculiar hiperpolitización de los votantes. En lo que se refiere a la acción de campaña, se han producido dos hechos poco habituales en la historia electoral de España: el desbordamiento de la movilización y el crowdsourcing creativo.

 

La hoy ya alcaldesa Manuela Carmena es una jueza veterana, con un pasado muy activo en la defensa de los derechos humanos y en los valores de la izquierda. Su irrupción en política sorprendió por encabezar una lista electoral al ayuntamiento de Madrid impulsada por el emergente y potente partido Podemos. Su candidatura aglutinaba a algunas otras formaciones de la izquierda y del ecologismo y ella, como cara visible, era una candidata “no profesional”.

 

El contexto en que se enmarca esta campaña electoral por los municipios en España se define por una fortísima demanda de una “nueva política” que se interpreta como la reclamación pública de nuevas caras, pasado limpio, pureza política, nuevas formas de expresión, negociación y comunicación y un fuerte componente ético. La percepción social imperante extraída de los últimos datos demoscópicos reflejaban un ambiente de tensión antipartidos tradicionales, con dos creencias: que la corrupción está generalizada y enraizada en el sistema; y que es irreversible la falta de eficacia de la política formal para hacer frente a los problemas fruto de la crisis económica. Lo interesante del caso es que el desencanto social por la política, por el contrario a lo esperado, se ha tornado en un movimiento de repolitización de grupos de electores, naturalmente tendentes al abstencionismo, que se han inscrito -en los últimos meses- en un movimiento transversal y multitudinario de apoyo a las alternativas, percibidas éstas en espacios nuevos y en formas nuevas.

 

Otro aspecto reseñable por el cambio de pauta que ha supuesto es la nueva cartelización electoral, que no responde a un paradigma habitual en el modo de votar en España. Tradicionalmente aquí se vota bajo la adscripción fiel a las siglas. Los dos partidos de la alternancia democrática, el Partido Socialista Obrero Español –PSOE- y el Partido Popular –PP- han mantenido proceso electoral tras proceso electoral un importante voto duro y fiel, independientemente de cuál era el candidato en cada ocasión. En esta última campaña, y en el referido turbulento contexto de cambios, las candidaturas han sido relevantes. La cartelización de los nuevos partidos, en muchos casos, con cabezas de lista “no profesionales” han marcado una dinámica competitiva que ha empujado a los partidos tradicionales a buscar candidaturas más encajadas en la fórmula de caras y nombres. Así, el Partido Socialista, por ejemplo, recurría en Madrid a situar como número uno en su lista a un profesor de metafísica, antiguo rector universitario y ex ministro, de gran prestigio intelectual. El Partido Popular, por su lado, esperó hasta los últimos días de inscripción de candidaturas para cerrar su cartel en Madrid, en una estrategia de competencia por la notoriedad de los candidatos.

 

Constatamos un gran cambio en las formas, no así tanto en los fondos o contenidos, que no han sido objeto de atención ni por parte de los medios de comunicación ni han estado presente en la agenda del debate político entre partidos. Ha sido, pues, una campaña que podríamos calificar como más banal y superficial que en otras ocasiones, más orientada a candidatos que a programas o propuestas. Esta formulación decantada del lado de lo emocional y lo personal ha favorecido a los partidos emergentes, asentados débilmente en proyectos y pivotando mucho más en sus candidatos, como lo demuestra el hecho de que, en el caso de Podemos y también del otro partido “sobrevenido”, Ciudadanos, la mayor presencia mediática la han polarizado sus líderes nacionales en lugar de los candidatos territoriales.

 

Desde el 15M, la conocida como la revolución de los indignados, que se inicia el 15 mayo de 2011 en España, se ha asentado un estado de ánimo social que podríamos denominar “quincemayismo”, y que supone una percepción por parte de los ciudadanos de que se puede actuar para cambiar las cosas. Pero, veamos. Los dos años siguientes a ese movimiento transversal, en red, multitudinario, indignado y de naturaleza online y callejera al tiempo, que supuso la acampada en el centro de la capital del país, todos los analistas nos preguntábamos qué había ocurrido con ese movimiento. Nuestra impresión es que se trató de un hecho o idea “semilla” que germinó el 25 de mayo de 2014, cuando en las Elecciones al Parlamento Europeo no sólo no creció abrumadoramente el abstencionismo (como preveían los sondeos) sino que surgió un partido nuevo en el panorama, con unas dinámicas nuevas y con un liderazgo fuerte en la persona de Pablo Iglesias. Este gesto empujó a los partidos de izquierda a ciertas jugadas de autorenovación, sumidos en los descensos electorales y un estado anímico, en este caso, más bien depresivo.

A partir de esa germinación, que ya se había apuntado en otro tipo de protestas tematizadas de microcausas, como contra los desahucios o contra los recortes presupuestarios en demanda de sanidad y educación públicas, se abre una etapa nueva de “hiperpolitización” (que recuerda a los viejos tiempos de la transición política de la dictadura a la democracia) o de una “burbuja política”, con unas consecuencias en positivo y otras en negativo. Las consecuencias positivas se centran en la recuperación de la política para el debate popular y alejan a los españoles del apoliticismo, la abstención, incluso de la antipolítica. En negativo, asistimos a una “contaminación” de los mensajes, una frivolización y banalización de la información política a consecuencia de la saturación en los medios y de su abordaje con criterios más propios del periodismo amarillo.

 

En ese contexto se celebran las Elecciones Municipales y Autónomicas en España el 24 de mayo de 2015, un año de las europeas. Y en el caso del municipio de Madrid, se polariza la intención de voto entre la candidata del Partido Popular y la de la plataforma de partidos impulsada por Podemos con el nombre Ahora Madrid. La primera: Esperanza Aguirre, carismática y polémica, con larga experiencia de gobierno y gestión, un valor electoral de su partido, pero con debilidades de imagen a consecuencia de los casos de corrupción. Representaba en la campaña a la derecha moderada y marcaba como perfil estratégico la solvencia y la seguridad frente a la nueva y desconocida candidata de Ahora Madrid.

La segunda: Manuel Carmena, jueza, septuagenaria, jubilada, pronto se perfila arraigando en su pasado de defensa de las libertades civiles y su lucha democrática. Su inseparable bicicleta y su imagen amable contribuyen aún más a polarizar entre dos opciones contrapuestas. Dos mujeres, una de derechas y otra de izquierdas, una ya conocida y lastrada por su partido y otra, nueva y con un lenguaje fresco. No es de extrañar que la izquierda escogiera de inmediato a esta candidata en lugar de optar por el candidato de la izquierda tradicionalmente gobernante, el PSOE, con los defectos de la vieja política y con pocas fortalezas que exhibir frente a Carmena. No deja de ser curioso que los nombres de ambos candidatos que compiten en la zona izquierda del eje tengan dos apellidos en paronomasia: Manuela Carmena y Antonio Miguel Carmona. Finalmente Carmona prestó su apoyo a Carmena, con más votos, para erigirse en alcaldesa de Madrid.

 

La campaña de Carmena generaba un desbordamiento imprevisto en el último tramo del periodo electoral. Aproximadamente a partir de la última semana, vistos los sondeos que le daban la posición de “front runner” en la carrera electoral, se inicia un proceso de grassroots, una movilización espontánea, impulsada por la creciente emotividad de los mensajes y la caracterización de la candidata. Se produjo lo que podríamos calificar de “tormenta perfecta” con las condiciones óptimas de movilización, emotividad, encaje de la candidata en su perfil… Y como factores exógenos de gran calado: una campaña fallida, en negativo, y llena de errores y titubeos de la rival, y un paulatino desinflamiento del candidato natural de la izquierda. La polarización era máxima y este crescendo no hizo si no activar el voto útil de una parte del electorado que se movilizó contra la candidata del “establishment”, la “mala” en el relato de esos comicios. A eso se sumaba que los votantes socialistas escogieron como versión más posible a la candidata de Ahora Madrid, Carmena y no al suyo, Carmona.

 

Lo que hemos llamado “crowdsourcing creativo” en el título es el fenómeno con el que tomó forma, en este caso, la movilización a favor de Carmena. Un nutrido grupo de artistas gráficos, fotógrafos, pintores y músicos, pusieron su arte al servicio de la causa y empezaron a inundar las redes de ilustraciones y memes positivos en apoyo del voto a la jueza. Sin embargo, también otros colectivos no propiamente del mundo artístico se sumaron simbólicamente, como el caso de los taxistas de la capital que contestaban a la campaña de la rival del PP Aguirre que había contratado publicidad electoral en los vehículos públicos. La respuesta fue dar apoyo explícito en los taxis a Manuela Carmena de forma voluntaria. De nuevo, dos acciones en polarización. Desbordada la campaña, aparecieron acciones de calle también desde la base llenas de imaginación como la proyección de imágenes de Carmena sobre la fachada de la vivienda de Aguirre. Nada estaba previsto, ni organizado. La prensa alimentó el fenómeno haciendo correr ríos de tinta sobre el caso y reproduciendo una y otra vez la imagen de Carmena en forma de dibujos, ilustraciones, fotos. Una candidata desconocida copaba los minutos y los centímetros de los medios tradicionales y desbordaba en las redes sociales. Y sólo en tres meses pasaba de su retiro laboral a ser alcaldesa de la capital del país.

 

 

 

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